En un restaurante de Berlín, casi uno de cada tres pagos con tarjeta lleva propina. En uno de Londres, apenas tres de cada cien. La propina con tarjeta no depende solo de lo generoso que sea el cliente. Depende, sobre todo, de cómo se la pide el local.

¿Por qué la propina con tarjeta cambia tanto de un país a otro?

Lightspeed analizó los pagos de unos 9.000 restaurantes de seis países europeos entre junio de 2023 y agosto de 2025. En Alemania, más del 30% de las transacciones con tarjeta incluía propina, aunque de importes modestos, entre 3 y 4 €. En Reino Unido la cifra rondaba el 3%. El propio estudio lo atribuye a que muchas cuentas británicas ya incluyen un service charge, un cargo por servicio que el cliente paga casi sin pensarlo.

España no entra en ese estudio, y su punto de partida es distinto. Según la encuesta SPACE 2024 del BCE, que recoge el Banco de España, el 57% de las compras en comercios físicos todavía se paga en efectivo, frente al 52% de media en la zona euro. La propina de monedas sigue viva en la barra. El problema es que cada año quedan menos monedas en el bolsillo.

El datáfono con propina: más ingresos, más quejas

Los Países Bajos muestran qué ocurre cuando el terminal pregunta. Según datos de las procesadoras de pago que publicó la radiotelevisión pública NOS en 2026, casi nadie añade propina con tarjeta si la pantalla no lo pide. Con el menú de propina activado, la deja el 39% de los clientes, con una media de 4,31 €.

La otra cara es la incomodidad. En enero de 2026, la autoridad de consumo irlandesa (CCPC) publicó que uno de cada cuatro clientes que se ha encontrado un terminal de propinas independiente lo ha tocado por error. Además, el 49% prefiere una pantalla con un simple «sí / no» y solo el 28% quiere ver importes sugeridos. En España el rechazo a los porcentajes en pantalla va en la misma línea, como contamos en El cliente paga con tarjeta y la propina desaparece.

Reino Unido: cuando la propina del datáfono pasa por contabilidad

Desde el 1 de octubre de 2024 está en vigor la Employment (Allocation of Tips) Act. Las propinas que recibe o controla la empresa deben llegar íntegras al personal, sin descontar la comisión bancaria ni gastos de gestión. El reparto tiene que seguir un código de práctica oficial y pagarse, como tarde, a final del mes siguiente.

En la práctica, cada libra que entra por el datáfono es dinero de la empresa hasta que se reparte. Hay que registrarla, asumir la comisión de la tarjeta y pasarla por nómina o por un tronc, el fondo común que gestiona un tercero. Para un pub de Manchester con veinte empleados, eso es trabajo administrativo cada mes.

¿Propina en el datáfono o propina con QR?

Ningún organismo publica todavía cuántas propinas se dejan por QR, así que la comparación no puede basarse en cuotas de mercado. Sí se puede comparar cómo funciona cada sistema:

DatáfonoQR
Cuándo se dejaSolo al pagar la cuentaCuando quiera el cliente, también después de pagar
Adónde va el dineroA la cuenta del local, que luego reparteSegún el servicio, directamente al empleado
Quién puede recibirlaQuien cobra, casi siempre salaCualquiera con su código: camarera de piso, cocina, recepción
ComisiónLa asume el localDepende del proveedor
PresiónPantalla delante del camareroEl cliente decide en su propio móvil

La diferencia más importante está en la última fila. Cuando el datáfono pregunta por la propina junto con la cuenta, el cliente decide con el camarero delante y la máquina en la mano. Pocos protestan en voz alta. Muchos, simplemente, pulsan «sin propina» y se van con mal sabor de boca. El estudio de la CCPC lo refleja: dos de cada tres irlandeses creen que la propina es cada vez menos voluntaria y tres de cada cuatro piden que sea más fácil rechazarla. Con el QR, ese momento incómodo desaparece. Nadie pregunta: el cliente decide si deja propina, cuánto y a quién, cuando le apetece y desde su propio móvil.

¿Qué encaja en cada tipo de local?

En una barra de tapas de Madrid con tickets de 8 €, un datáfono con pantalla de «sí / no» puede bastar, siempre que el «no» sea igual de visible. En un restaurante con servicio de mesa en Barcelona, el datáfono funciona bien, pero la propina acaba en el bote común y el cliente no sabe a quién llega.

En un hotel de la costa la situación cambia. La camarera de piso nunca está delante del datáfono y el huésped se marcha sin verla. Ahí tiene sentido una propina digital por QR en la habitación, que el cliente deja desde su móvil cuando quiere. Cómo afecta a la motivación del equipo lo analizamos en Propinas en España y Reino Unido: dos enfoques.

En resumen

El datáfono multiplica las propinas cuando pregunta, pero las pide en el peor momento: junto a la cuenta y delante del camarero. Así, el cliente que no quiere sentirse presionado acaba por no dejar nada. La propina por QR no sustituye al datáfono, lo complementa. Deja la decisión en manos del cliente y sirve tanto para dar las gracias a todo el equipo como a una persona concreta, incluida la que nunca pasa por caja.

Fuentes